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La mujer que estornudaba demasiado

Un día cuando Ester Tolia regresaba a casa, algo se le metió por la nariz. ¿Fue el polen de las flores? ¿O fue la inflación galopante? Nadie lo sabe, pero la pobre mujer empezó a estornudar y ya no hubo forma de parar.

Con tantos estornudos de Ester Tolia, los habitantes de Plenos Aires también la pasaron mal: hubo pequeños sismos por las calles, alguna flema cayó en la cabeza de la vecina, e incluso su pobre perrito se desmayó por un pedito.

Los plenoairenses le dieron a Ester Tolia muchas propuestas para que dejara de estornudar, pues cuando los problemas son ajenos, parece que todos encontramos las soluciones correctas. ¿Alguna dio resultado? Pues conozcamos esta historia de la señora más estornudona.

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